Wednesday, July 2, 2008

Ciencia y Espiritual idad: puntos de encuentro


Comúnmente se piensa que la ciencia y la espiritualidad no son afines. Que el ámbito de la ciencia termina en un punto y que la espiritualidad va mucho más allá de donde intuye la ciencia, y que abarca conceptos que ésta podría no ser capaz de verificar con el fin de aceptarlos o rechazarlos.

Werner Heisenberg acertadamente dijo: “Es muy cierto que los desarrollos más fructíferos en la historia del pensamiento humano, con frecuencia tienen lugar en aquellos puntos en los que dos diferentes líneas de pensamiento se encuentran”.

Hoy, sin embargo, cada vez más, las implicaciones filosóficas de la ciencia moderna se está reconfigurando. Se ofrece una visión profunda de la mística, de conceptos que fueron aceptados únicamente por la fe, y que son ahora objeto de verificación a través de la ciencia.

La ciencia y la espiritualidad son diferentes esferas, en el sentido de que el conocimiento de la ciencia puede ser aprendido de los libros, su comprensión puede llegar de manera constante, si no rápidamente, pero el discernimiento de la mística no ocurre así. Se trata de una experiencia, una visión y una intuición, que tiene su propio tiempo y su propio camino.

La mecanicista y fragmentada visión del mundo, está siendo revisada y ampliada por la visión orgánica del mundo de la mística, que está ganando popularidad mundial. Uno puede aventurarse a calibrar que la armonía esencial entre la ciencia y la espiritualidad de la ciencia moderna va más allá de los límites de la tecnología.

El conocimiento que imparte la ciencia es, como lo llaman los budistas, ‘relativo’. Mide, cuantifica, clasifica y analiza. Pero, como dice Heisenbergsólo está limitado al rango de aplicabilidad“. Por otra parte, los místicos tienen por objeto la experiencia directa de la realidad, que no está sólo más allá del pensamiento intelectual, sino también más allá de la percepción sensorial. Este conocimiento puede venir a través de la meditación o de una espontánea conciencia mística, una “potencial forma de conciencia totalmente diferente”. “Es un estado de conciencia concentrada, pero sin tensión, premura ni desatención“.

De la exploración de los paralelismos entre los postulados científicos y las percepciones e intuiciones místicas pueden extraerse muchos casos, algunos de los cuales se insinúan a continuación.

La arena, las rocas, el agua y el aire se componen de moléculas vibrantes y átomos. La energía les hace reaccionar y transmutar a otras partículas [nada se destruye, todo se transforma]. Es una especie de “danza cósmica de la energía”. La antigua sabiduría hindú lo representa como la “Danza de Shiva“.

En relación con la descripción de los hadrones en la física de partículas, comenta D. T. Suzuki: “los budistas conciben un objeto como un acontecimiento, no como una cosa o sustancia“. Cada vez se estudian más seriamente los estados de conciencia meditativos.

La hipótesis de ‘bootstrap’, implica que las partículas subatómicas reflejan la imposibilidad de separar la observación científica de los fenómenos observados; llevando esto al extremo, se transmite la idea de que las estructuras que observamos en la naturaleza son sólo creaciones de nuestra propia mente. Asvaghosha expresó la misma idea en Awakening of Faith [El despertar de la fe]: “Todos los fenómenos en el mundo no son nada más que la manifestación ilusoria de la mente y no tienen realidad propia“. Los sabios orientales llaman a esto “maya“; los budistas lo llaman “avidya“.

Así encontramos ecos de la mística en las profundidades de los principios básicos de la ciencia. Las ideas místicas son confirmadas por las modernas teorías científicas, señalando la armonía esencial entre ciencia y espiritualidad. La ciencia, como la espiritualidad, pueden ser “un camino con corazón, una forma de conocimiento y de autorrealización“.

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Raimon Panikkar: “Para ser per sona, hace falta ser monje y político”

Raimon Panikkar, pensador; publica ahora su ´Obra completa´ en dieciocho tomos

Entrevista de Lluís Amiguet a Raimon Panikkar para el periódico La Vanguardia (17/06/08)

Tengo 6.000 años: los viví con los hombres que nos precedieron. Nací en Barcelona de hindú y catalana. Soy sacerdote católico, pero no un funcionario del Vaticano. Todo ser humano, y no sólo los profesionales, tiene vocación de monje y político: si no la realiza, está incompleto.

Ahora publico mi Obra completa…

Obra completa: ¿no es un oxímoron?

Lo es. Además, yo sigo todavía vivo…

Doy fe.

He pasado 80 años escribiendo y lo dejo ahí todo como un testimonio…

Sé que más que escribir, reescribe…

Hasta 27 veces reescribí De la mística…

… Y que jamás lee en público.

No hay que preparar el discurso, sino al orador. Yo no preparo los textos para leerlos en público, sino que me preparo a mí mismo en cada momento de mi vida para ser capaz de hablar.

Y sus silencios también se escuchan.

El silencio forja el sentido. Y lo estamos abandonando a cambio de una superficialidad banal e insulsa. Ruido a todas horas en todas partes para no tener que pensar.

No todos podemos ser monjes…

¡Todos estamos llamados a la meditación! ¡Todos la necesitamos! También todos necesitamos la soledad y el silencio tanto como la sociedad y las palabras.

… Ni políticos.

Ese es el grave error de nuestro tiempo: dejar la mística y la política a los profesionales. La vida espiritual y la vida política no son oficios, son dimensiones irrenunciables de cada uno de nosotros.

Que exigen esfuerzo: más cómodo delegarlas y luego quejarse de los delegados.

Todos estamos llamados a realizarnos en ellas. Sólo si somos todos políticos y monjes podremos realizarnos plenamente como personas. Si no, somos incompletos.

Vida completa: ¿otra contradicción?

Sobre lo que usted pregunta, la duración y el fin de la vida, me he inventado una palabrita, tempiternitat, que no es un tiempo ni largo ni corto, sino único…

No podemos decidir la duración, pero sí la intensidad de nuestras vidas.

La intensidad es parte de la singularidad. Somos singulares. Somos únicos… Miserere Domine, apiádate, Señor, porque ego sum pauper,soy pobre…¡Et unicuus! Y único, dice el salmo latino. … ¡Unicuus! Esta singularidad… Perdone… Perdone… Que me emocione…

Es emocionante.

¡Cada uno de nosotros es único!

Si alguien le dice que usted le gusta porque le recuerda a alguien, es que no le ama: cada uno de nosotros es único e irrepetible. Pero esa singularidad sólo podemos vivirla si renunciamos al pasado, que es sólo un recuerdo, y al futuro, que es sólo una ilusión, y vivimos en el presente tempiterno.

Usted ha vivido y ha creído: ha sido sacerdote del Opus Dei en Roma, budista e hinduísta en la India…

La fe no tiene objeto. La fe no tiene complemento.

Y ha vivido ¿cuántos años…?

Seis mil años al menos. Yo no soy individualista: deploro el individualismo egotista que nos impele a encerrarnos en nosotros mismos y nuestras circunstancias; yo he vivido también en esos hombres que vivieron seis mil años antes que nosotros y me siento igualmente responsable de sus vidas…

… ¿Y de sus crímenes?

Sí, también soy responsable de sus crímenes y culpas y sé que puedo lavarlos viviendo rectamente. Vivo cada momento convencido de que la vida es un don único como yo… ¡Qué alegría ser consciente de eso!

¿Usted lo es desde niño?

Mi padre era hindú y mi madre catalana.

Hoy ya no es una mezcla tan exótica.

La inmigración tiene un peligro, el de banalizar su cultura y la nuestra en una amalgama insulsa; de nuevo la superficialidad nos amenaza, pero la mezcla es también una oportunidad de profunda comunión; la de asimilarlos a ellos… ¡Y asimilarnos a ellos!

Sin mezcla, no hay fecundidad.

Por eso necesitamos asimilarlos a ellos y asimilarnos a ellos: ninguna cultura que se encierra en sí misma sobrevive.

¿Sigue siendo usted sacerdote?

Sí, celebro misa. Dependo de la diócesis de Varanasi (Benarés). Soy sacerdote, pero no un funcionario vaticano, aunque en comunión con Roma. Y, en la cadena del saber que formaron mis maestros hasta mí, distingo a Jesús pero no separo a Jesús de Cristo.

¿Y sus alumnos?

Soy alumno: me doctoré en Química y en Filosofía y después seguí siendo alumno con mis alumnos en la Divinity School de Harvard, en la Universidad de California…

¿Por qué volvió de América?

¡Cómo cuidan a sus profesores allí! Trabajé y enseñé y aprendí mucho y bien en América, y me sentí querido y estimulado…

Cincuenta libros: miles de artículos.

Y la palabra: ¡cuántos amigos en cada clase!

Pero volvió.

Hubo un momento en que era feliz allí en el campus, en una casa magnífica, profesor, todo cuanto se pueda desear, unas bibliotecas inacabables y mucho cariño… Pero sentí que mi sitio estaba aquí, Tavertet, entre estos muros y montañas… ¿Escucha qué silencio?

¿Recuerda a algún alumno en especial?

Hoy me han escrito varios alumnos de California. ¡Cuánto cariño en sus palabras!

Regálenos algún pensamiento de los Veda que tradujo del sánscrito (Fragmenta)

La muerte no muere y por lo tanto en la muerte misma está la inmortalidad.

Más allá del sueldo

El silencio de Tavertet - ¡qué verde este año!- no aísla a Panikkar, sino que lo conecta en sus lecturas de siglos con maestros védicos, evangélicos y periodísticos, pues también devora la prensa el maestro en su conexión tempiterna. Vuelvo con un propósito en mi alforja: la política es demasiado importante para dejársela a los políticos. ¡Basta de quejarnos de los políticos y militemos, actuemos y sustituyámoslos! La mística es la otra vocación que no podemos ceder a los conventos: silencio, meditación, relajación… ¡Para todos! Son vocaciones que exigen esfuerzo, pero por eso mismo nos hacen personas frente a la única llamada a la oración que sí nos llega a todos cada día: “¡Haceos ricos!”.

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Del mundo virtual al espiritual, por Frei Betto

Al viajar por el Oriente mantuve contactos con monjes del Tibet, de Mongolia, de Japón y de China. Eran hombres tranquilos, comedidos, envueltos en paz en sus túnicas color de azafrán. Un día observaba yo el movimiento del aeropuerto de Sao Paulo: la sala de espera llena de ejecutivos con teléfonos celulares, preocupados, ansiosos, generalmente comiendo más de lo debido. Seguro que ya habían tomado café por la mañana en casa, pero como la compañía aérea ofrecía otro café, todos comían vorazmente. Eso me hizo reflexionar: “¿Cuál de los dos modelos produce felicidad?”

Encontré a Daniela, de diez años, en el ascensor a las nueve de la mañana y le pregunté: “¿No has ido a clase?” Ella respondió: “No, tengo clase por la tarde”. Añadí: “Qué bien, entonces por la mañana puedes jugar y dormir hasta más tarde”. “No -replicó ella-, tengo mucho que hacer por la mañana”. “¿Qué cosas?”, le pregunté. “Clases de inglés, de ballet, de pintura, piscina”, y siguió enumerando su programa de muchacha robotizada. Me quedé pensando: “¡Qué pena que Daniela no dijo: Tengo clase de meditación!”.

Estamos construyendo superhombres y supermujeres, totalmente equipados pero emocionalmente infantilizados. Por eso las empresas consideran ahora que más importante que el QI es la IE, la Inteligencia Emocional. No sirve de mucho ser un superejecutivo si no se consigue relacionarse con las personas. Entonces ¡qué importante sería incluir clases de meditación en los currículos escolares!

Una progresista ciudad del interior de Sao Paulo tenía en 1960 seis librerías y un gimnasio; hoy tiene sesenta gimnasios y tres librerías. No tengo nada contra el cuidado del cuerpo, pero me preocupo por la desproporción en relación con el cuidado del espíritu. Está bien que todos muramos esbeltos: “¿Cómo estaba el difunto?”, “Hecho una maravilla, no tenía ni una arruga”. Pero ¿cómo queda la cuestión de la subjetividad? ¿de la espiritualidad? ¿de la ociosidad amorosa?

Antes se hablaba de la realidad: análisis de la realidad, insertarse en la realidad, conocer la realidad. Hoy la palabra es virtualidad. Todo es virtual. Se puede tener sexo virtual por Internet: no se contagia el sida, no hay involucramiento emocional, todo se controla con el ratón. Encerrado en su cuarto en Brasilia un hombre puede tener una amiga íntima en Tokio, sin mayor preocupación por conocer a su vecino de apartamento o de cuadra. Todo es virtual. Entramos en la virtualidad de todos los valores, no hay compromiso con lo real. Es muy grave ese proceso de abstracción de lenguaje, de sentimientos: somos místicos virtuales, religiosos virtuales, ciudadanos virtuales. En cuanto a esto, la realidad va por otro lado, pues somos también éticamente virtuales…

La cultura comienza donde termina la naturaleza. Cultura es el refinamiento del espíritu. La televisión en Brasil -con raras y honrosas excepciones- es un problema: a cada semana que pasa tenemos la sensación de que somos un poco menos cultos. La palabra hoy es “entretenimiento”; así, el domingo es el día nacional de la imbecilización colectiva. Imbécil el presentador, imbécil el que va y se sienta en el sofá, imbécil quien pierde la tarde ante la pantalla. Como la publicidad no consigue vender felicidad, tenemos la ilusión de que la felicidad es el resultado de la suma de placeres: “Si toma este refresco, calza estos tenis, usa esta camisa, compra este auto, ¡usted llega a ella!” El problema es que, en general, no se llega. Quien consiente desarrolla de tal manera el deseo, que acaba necesitando de un analista. O de fármacos. Quien resiste, aumenta la neurosis.

Los sicoanalistas tratan de descubrir cómo hacer con el deseo de sus pacientes. ¿Dónde ponerlos? Yo, que no soy de esa área, puedo darme el derecho de presentar una sugerencia. Creo que sólo hay una salida: cambiar el deseo hacia dentro, gustarse a sí mismo, comenzar a ver lo bueno que es ser libre de todo ese condicionamiento globalizante, neoliberal, consumista. Así se podría vivir mejor. Además, para una buena salud mental son indispensables tres requisitos: amistades, autoestima, ausencia de estrés.

Hay una lógica religiosa en el consumismo moderno. Si alguien va a Europa y visita una pequeña ciudad donde hay una catedral debe procurar saber la historia de esa ciudad -la catedral es la señal de que ella tiene historia.. En la Edad Media las ciudades adquirían status construyendo una catedral; hoy en Brasil se construye un centro comercial. Es curioso: la mayoría de los centros comerciales tienen las líneas arquitectónicas de catedrales estilizadas; a ellos no se puede ir de cualquier manera, hay que vestir ropa de misa dominical. Y allí dentro se siente una sensación paradisíaca: no hay mendigos, niños de la calle, suciedad…

Se entra en esos claustros al son del gregoriano posmoderno, esa musiquita de sala de espera de dentista. Se ven varios nichos, todas esas capillas con los venerables objetos de consumo, acolitados por bellas sacerdotisas. Quien puede comprar se siente en el reino de los cielos. Si tiene que dar un cheque prefechado, pagar a crédito o mediante un cheque especial, se va a sentir en el purgatorio. Pero si no puede comprar, ciertamente se va a sentir en el infierno… Por suerte, todos terminan en la eucaristía posmoderna, atraídos por la misma mesa, con el mismo jugo y la misma hamburguesa de McDonald’s…

Suelo decirles a los empleados que me invitan a entrar en las tiendas: “Sólo estoy dando un paseo socrático”. Y ante sus ojos espantados explico: “A Sócrates, filósofo griego, también le gustaba despejar la cabeza recorriendo el centro comercial de Atenas. Cuando los vendedores como ustedes lo asediaban les respondía: “Sólo estoy mirando cuántas cosas no necesito para ser feliz”.

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Posted by tomas_f at 09:31:21 | Permalink | No Comments »

Meditación, la psico terapia que más crece


Una técnica en auge se convierte en la más popular en los Estados Unidos. Aunque todavía faltan evidencias sólidas sobre su utilidad, entre los profesionales hay cada vez un mayor interés en ella.

El paciente estaba sentado, con los ojos cerrados, sumergido en el ritmo de su respiración; después de un rato, notó que estaba pensando en la relación problemática que tenía con su padre. “Estuve allí, presente con el dolor”, acotó, al terminar su sesión de meditación. El terapeuta explicó: “Eso fue la aceptación, el dejar ser, sin tratar de cambiar nada”.

Este ejercicio, centrado en la conciencia y en la revisión de emociones, se ha convertido en la técnica psicoterapéutica más popular de la última década. La meditación consciente tiene sus orígenes en las enseñanzas del siglo V a.C. del príncipe indio Siddhartha Gautama, más tarde conocido como Buda.

Durante años, los psicoterapeutas trabajaron aliviando el sufrimiento de las personas y reencuadrando el contenido de los pensamientos del paciente, alterando directamente su comportamiento o ayudándolo a entender los orígenes subconscientes de su desesperanza y su ansiedad. La meditación consciente puede ayudarlos en un nivel al que las palabras no pueden llegar.

Hay quienes sostienen que el arribo de Buda a la psicoterapia es una señal de apertura cultural, una forma de acceder a un curación más profunda. Sin embargo, la evidencia de que la meditación consciente ayuda a mejorar síntomas psiquiátricos es muy poca y, en algunos casos, hay estudios que sostienen que no mejora, sino que empeora.

“Creo en la posibilidad de que esta meditación sirva y que debe ser estudiada -sostiene Scott Lilienfeld, psicólogo y profesor de la Universidad de Emory-. Lo que me preocupa es la publicidad que la rodea: eso de cambiar el mundo, la tendencia que se da en el campo de las psicoterapias a cultivar gurúes.”

La meditación llegó a la psicoterapia desde la medicina universitaria. En los 70, un graduado de biología molecular, Jon Kabat-Zinn, adaptó una versión de las prácticas de meditación que podía aprenderse y estudiarse fácilmente.

En la meditación trascendental, los practicantes intentan trascender o “perderse” a sí mismos. El objetivo de la meditación consciente es otro: impulsar la conciencia de cada sensación tal como se desarrolla en el instante.

Kabat-Zinn le enseñó su práctica a personas que sufrían dolor crónico en la Facultad de Medicina de la Universidad de Massachusetts. En los 80 publicó una serie de estudios que mostraban que un curso de dos horas por semana, durante ocho semanas, reducía el dolor crónico con más eficacia que el tratamiento convencional.

Se corrió la voz discretamente, al comienzo. “Creo que en ese entonces otros investigadores tenían que ser muy cuidadosos acerca de esto, porque no querían ser tomados como excéntricos New Age”, dijo Kabat-Zinn.

Marsha Linehan, psicóloga de la Universidad de Washington que trataba a pacientes muy problemáticos con historiales de suicidio, fue una de las pioneras. “Las terapias conductistas sólo los empeoraban -dijo-. Con los problemas realmente graves, se necesita otra cosa, algo que permita a las personas tolerar estas emociones tan fuertes.”

En los 90, Linehan publicó estudios que probaban que una terapia que incorporaba la conciencia del budismo zen -la “aceptación radical”- disminuía significativamente el riesgo de hospitalización y suicidio en pacientes de alto riesgo.

En 2000, un grupo de investigadores del Consejo de Investigaciones Médicas, de Inglaterra publicó un estudio que demostró que ocho sesiones semanales de meditación consciente disminuían a la mitad las recaídas en personas con tres o más episodios de depresión.

La meditación consciente es fácil de describir: siéntese en una posición cómoda, con los ojos cerrados, preferentemente con la espalda derecha y sin respaldo. Relájese y tome nota de sus sensaciones, estados de ánimo y sonidos. Repare en ellos, pero sin juzgarlos. Deje que su mente se aquiete al ritmo de su respiración. Si vaga, redirija su atención a la respiración. Manténgase así por lo menos diez minutos.

Después de dominar el control de la atención, dicen algunos terapeutas, una persona puede enfrentar mentalmente ideas problemáticas o amenazantes, y aprender a soportar la ira o la tristeza, y dejarlas pasar, sin tratar de cambiar los sentimientos, algo que frecuentemente complica más las cosas.

Sin embargo, los científicos subrayan que los estudios sobre la meditación consciente están en su infancia. Un amplio trabajo publicado el año pasado halló que las investigaciones son todavía muy preliminares como para sacar conclusiones.

La pregunta, según Linda Barnes, profesora de la Universidad de Boston, es si esta clase de meditación se convertirá en una técnica terapéutica valiosa o si terminará siendo otro cliché de autoayuda. “La respuesta es afirmativa en ambos casos”, opina.

Posted by tomas_f at 09:28:05 | Permalink | No Comments »

Gran Mente, Gran Cora zón. Descubriendo tu Camino, por Genpo Roshi. Prólogo de Ken Wilber


El libro de Genpo Roshi sobre el proceso Big Mind, Gran Mente, Gran Corazón. Descubriendo tu Camino ya ha sido publicado en castellano por la editorial La Liebre de Marzo. Mañana el autor estará presentando el libro en Barcelona. El índice del libro ya nos da una idea muy clara del libro. En esta entrevista a Genpo Roshi explica claramente el proceso, y lo explica más extensamente en esta otra entrevista nuestro amigo y promotor de talleres Big Mind en España, Alejandro Villar.

Prólogo de Ken Wilber al libro Gran Mente, Gran Corazón. Descubriendo tu Camino, de Genpo Roshi:

Lo diré lo más claramente que puedo: el proceso Big Mind, puesto a punto por el maestro zen Dennis Genpo Merzel es, con toda probabilidad, el descubrimiento más original e importante realizado, en los últimos dos años, dentro del ámbito del budismo. El proceso Big Mind es un camino sorprendentemente original, profundo y eficaz para llegar a despertar o, lo que es lo mismo, para desvelar nuestra Naturaleza Verdadera. Se trata de una práctica tan sencilla y universal que no sólo puede ser empleada por quienes sigan un camino espiritual, sea éste el que fuere, sino que también puede ser llevada a cabo, en sí misma, para realizar el Yo verdadero, al que también se conoce con los nombres de Dios, Alá, Jehová, Brahman, Tao, Ein Sof, etcétera. El nombre, a fin de cuentas, es lo menos importante, porque la esencia del proceso Big Mind es la Vacuidad misma que, al carecer de contenido concreto, lo abarca y lo integra todo.

Esta realización de nuestra Naturaleza Verdadera, de nuestra Realidad Última se denomina, en el zen, kensho o satori (que literalmente significa “ver nuestra Naturaleza Verdadera” o descubrir la Gran Mente y el Gran Corazón) y sé por experiencia propia que, para poder alcanzar un satori profundo, son necesarios muchos años de práctica extraordinariamente difícil.

Estoy plenamente convencido —porque lo he presenciado en repetidas ocasiones— que, durante el proceso Big Mind puede presentarse, como en el zen, un kensho, que nos permite atisbar súbitamente nuestra Naturaleza Verdadera que, una vez reconocida, puede ser visitada prácticamente en cualquier momento. Se trata, ni más ni menos, del descubrimiento de nuestro Yo Verdadero y Último, de la Realidad Última, del Fundamento de Todo Ser —llámenlo como quieran porque, una vez más, “llaman Muchos a lo que, en realidad, es Uno”. Es evidente que esta comprensión o kensho inicial, por más poderosa que sea, puede verse profundizada a través de la práctica continua y, en este sentido, Genpo nos proporciona también instrucciones sencillas para seguir profundizando ese despertar inicial a través de la meditación. ¡Despierta! ¡Estoy completamente seguro de que puedes hacerlo!

Pero Genpo no elaboró este proceso partiendo exclusivamente del budismo, sino que también incluyó algunos de los hallazgos esenciales de la psicología occidental —especialmente, el concepto de subpersonalidades y el llamado “diálogo de voces”— e integró de manera sorprendentemente novedosa lo mejor de Oriente (o, dicho de otro modo, lo mejor de las tradiciones contemplativas) con lo mejor de Occidente. De este modo, no sólo tuvo en cuenta la Realidad Infinita, sino también la realidad y los yoes finitos, ayudándonos a tornarnos conscientes de ellos y contribuyendo muy positivamente, de ese modo, a nuestra salud y a nuestra integridad. Lo más sorprendente, en mi opinión, es el modo sencillo y eficaz en que ha logrado integrar lo Infinito con los yoes finitos.

El proceso Big Mind trabaja con nuestra mente y con nuestros estados de conciencia tal y como son ahora mismo. Lo que quizás ignores, si nunca has experimentado un satori o un despertar es que, quien está leyendo esta página, es la Gran Mente, Dios o el Espíritu. Y eso es algo tan inmediato y evidente que resulta imposible de ver. Este libro es un simple manual que te explicará el modo de conectar con la Gran Mente y con el Gran Corazón, revelándote una dimensión de tu conciencia que ya está iluminada, un aspecto de tu ser que ya está completamente despierto y es uno con el Espíritu. Cuando descubras eso se desvelará, ante ti, un mundo completamente diferente.

Estoy convencido de que el libro que ahora tienes en tus manos abrirá el ojo de tu mente y te mostrará que, en este mismo instante —¡es decir, ahora mismo!— tu Yo Verdadero se halla total y completamente presente viendo a través de tus ojos, escuchando a través de tus oídos y sosteniendo este libro entre sus manos. Y eso siempre ha sido así, pero estaba demasiado cerca para poder verlo, era demasiado obvio para poder advertirlo y demasiado sencillo para poder creerlo. Éste es el extraordinario descubrimiento que te espera en este libro.

En el Integral Institute consideramos a este proceso tan profundo y eficaz que lo hemos convertido en una parte esencial de nuestros programas, seminarios y Práctica Vital Integral. Y, como creo que su eficacia se aproxima al 100%, casi me atrevo a prometerte que, cuando concluyas la lectura de este libro, te hallarás entre los iluminados aunque verás, ciertamente, con ojos de principiante.

Genpo no incluye a la psicología evolutiva en su integración de lo mejor de Oriente y lo mejor de Occidente por la sencilla razón de que, para emprender el proceso Big Mind, no importa el estadio del desarrollo en el que uno se encuentre. Este proceso funciona del mismo modo tanto si uno se encuentra en el estadio mágico, en el mítico, en el racional, en el pluralista, en integral o en el supraintegral . Es posible, pues, emprenderlo desde casi cualquier estadio y despertar a la Realidad Infinita y omnipresente de Todos los Seres que todo lo impregna (de nuevo aquí el hombre es lo que menos importa). Pero, si uno quiere, puede estudiar la relación que existe entre esos distintos estadios y la gran mente, porque Genpo Roshi es miembro fundador del Integral Spiritual Center y del Integral Institute y su contribución para acomodar los estadios de conciencia a los estados de conciencia ha sido, como explico en mi libro Espiritualidad Integral, esencial.

Pero para descubrir —quizás por vez primera pero no, por ello, menos asombrosa— tu Yo Verdadero, basta con empezar aquí, con este libro y con este sencillo y profundo proceso. En este libro aprenderás a integrar los yoes finitos y dualistas (“el escéptico”, “el controlador”, “la víctima”, “el yo herido”, “la ira”, “la mente que busca”, etcétera) con las múltiples manifestaciones del Yo Infinito y No dual (“la Gran Mente”, “el Gran Corazón”, “la compasión integrada femenino/masculina”, “el Gran Gozo”, “el ser humano plenamente integrado que funciona libremente”, etcétera). Lo que te aguarda tras la lectura de este libro, amigo mío, es el auténtico sabor de todo esto y me complace mucho poder invitarte a relajar tu mente, descansar en el presente y permitir que tu conciencia se libere, porque en modo alguno está encadenada y leas este libro o te sumerjas sencillamente en él dejando que sus palabras te atraviesen hasta que “tú” te conviertas en “Tú” —es decir, en tu Identidad más profunda, tu Naturaleza Verdadera, Infinita y Eterna. Este libro es, en realidad, un manual para despertar a ese Yo Soy que ya está mirando, ahora mismo, a través de sus ojos.

Añado mis propias bendiciones a las maravillosas palabras de despertar incluidas en este extraordinario libro y que su mérito sirva para que todos los seres sensibles puedan también despertar y descubrir quién y qué, realmente, son. En la Gran Mente, el sufrimiento no encuentra asidero al que agarrarse y tampoco caben el odio y la ira. Del Gran Corazón emergen, muy al contrario, una gratitud y una alegría inexplicables que danzan sin cesar en la claridad y el reconocimiento más profundos y asombrosos. La Gran Mente y el Gran Corazón es un manantial inagotable de alegría, felicidad, compasión y sabiduría despiertas que, originándose en lo más profundo de tu mente y de tu corazón, se vierte en el mundo como un torrente exuberante e incontrolable de resplandor, liberación, beatitud, luminosidad, celebración y gozo.

Mírame, amigo mío, y escucha muy atentamente, porque estoy hablándote completamente en serio: ¿No ha llegado ya para ti el momento de despertar? ¿No escuchas ya cómo los adalides de la sabiduría te sacuden diciéndote “¡Despierta, por favor! ¡Esto no es más que un sueño!”? ¿No es cierto que ya sabías esto? ¿No es cierto que, en lo más profundo de tu ser, puedes despertar? ¿No es eso precisamente lo que siempre has estado buscando? Ha llegado ya el momento de poner fin a la Gran Búsqueda. Mientras sigas buscando, anhelarás un momento futuro que sea mejor que éste. Pero lo cierto es que éste es el único momento que realmente importa ¿Por qué sigues huyendo de tu propio despertar?

Deja ya de buscar, date un respiro y empieza a leer este manual de Despertar al momento presente. Entonces dejarás de mirar finalmente hacia atrás. ¿No es cierto que, si entonces nos encontrásemos, nos reconoceríamos? Con un guiño en el ojo, esbozando una sonrisa en el rostro y un resplandor en el fondo de nuestro ser, tú y yo nos miraremos entonces a los ojos y veremos al uno y único Yo, a la Gran Mente y al Gran corazón y los días y noches de incesante búsqueda perderán súbitamente su significado angustiosamente doloroso.

Demos las gracias al roshi Dennis Genpo Merzel por haber descubierto un proceso tan sencillo y original para Despertar ahora mismo. Ante él me postro, ofreciendo los méritos a todos los seres sensibles y dejando en manos del lector, con mis bendiciones infinitas, este extraordinario libro.

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Demas iado estrés. Medítalo

La ansiedad alcanza ya al 47% de la población, 15 puntos más que en 2001. Y la meditación se instala con fuerza entre directivos desbordados.

Tras un arduo día de trabajo, Laura se sienta en el sofá de casa y se observa durante un buen rato. Medita, como cada día. Laura (prefiere no citar su nombre real) tiene 41 años y dos hijos pequeños. Es una exitosa directora financiera de una multinacional estadounidense en Madrid. Su cargo le genera un alto nivel de estrés que ni el golf ni el tenis que practica con devoción son capaces de rebajar. Se apuntó al yoga y la meditación por recomendación de un amigo médico. Y parece que le funciona.

El caso de Laura no es único. En los últimos años se ha generalizado la práctica del yoga, taichi, chikung y otras modalidades alternativas a los deportes convencionales. Se calcula que hay 500 millones de practicantes de yoga en todo el mundo, desde niños a personas muy mayores.

Sólo en Madrid y Barcelona los centros de yoga y similares superan el centenar. En centros cívicos y gimnasios, las milenarias asanas (posturas yóguicas) o de taichi conviven con el hidrospinning (pedalear en el agua) o el aerobox (basado en el entrenamiento de boxeadores).

¿Qué motivos hay tras tanta cultura alternativa del bienestar? ¿Mantener el cuerpo? ¿Un bálsamo para sobrellevar el ritmo diario? ¿Algo más profundo?

Según la Encuesta de Calidad de Vida en el Trabajo del Ministerio de Trabajo, un 47% de personas afirmaban en 2006 tener niveles altos o muy altos de estrés; en 2001, sólo el 31,8% lo sufría siempre o frecuentemente. Pocos lo combaten con piscinas o el fútbol: aunque muchos pasean cada día como ejercicio físico, el 63% de los españoles entre 15 y 74 años afirma no practicar ningún deporte convencional, según una encuesta sobre hábitos deportivos realizada por la Universidad de Valencia en 2005.

Pero, ¿y si sólo fuera una moda? “Hay una crisis generalizada y la gente está preocupada, lo reconozca o no; es el sálvese quien pueda, lo cual significa tener el último televisor y otras cosas, y sobrevivir, cada cual como puede”, dice Magda Catalá, doctora en filosofía, psicoterapeuta y estudiosa del budismo. En su opinión, la mayoría sigue una moda y acude “a un supermercado espiritual en donde escoge supuestas salidas al estrés, la competitividad y la agresividad que flotan por todos lados”. Sólo unos pocos, añade, realmente buscan dentro de sí mismos para crecer y evolucionar, “pero no son caminos de simplificación de la vida, sino de compromiso serio y de trabajo intenso que se ha de complementar, a veces, con terapias o retiros de meditación prolongados”.

Pero no es fácil dejar el ego en el armario. Los ejercicios orientales no sirven de mucho si se hacen desde fuera de la persona, dice Catalá. “Antes se hacía jogging, ahora taichi o yoga; dentro de un tiempo será una mezcla”. “Algunos lo hacen como una píldora tranquilizante; esto es válido y respetable, pero si no hay un compromiso serio, en general ligado a algún cataclismo en la vida que te obligue a cambiar, pocas veces nos dirigimos hacia un camino que es arduo y cuesta arriba”.

De igual modo, Luis Enrique Alonso, catedrático de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid, cree que las actividades físicas responden, en muchos casos, “al narcisismo de presentación del cuerpo, la estilización de la figura o la obsesión por la salud. Son el contrapeso al estrés y competitividad de la vida cotidiana”. La era de la trivialización que vivimos, añade Alonso, nos hace desvalorar las cosas, algo que ha pasado con las imágenes tras el boom de la fotografía digital. Por ello ve normal la generalización de nuevos negocios que trivializan el sentido del yoga y de otras disciplinas y que ha hecho que no tengan un coste de entrada ni de salida, “se han convertido en un producto de consumo más”.

Otros especialistas creen que muchos buscan encontrarse mejor. Tsewang Tamdin, médico personal del Dalai Lama, explicó recientemente en Barcelona que en Occidente se lleva un estilo de vida muy estresado “y la mente angustiada provoca más problemas físicos”.

El sociólogo Mario Gaviria, premio Nacional de Medio Ambiente 2005, nos da alguna solución: “Se puede vivir con menos dinero sin complicarse la vida, pero la sociedad basada en producir y producir genera insatisfacción por la elevada competitividad”. Algunos se atreven a probar el downshifting (una especie de vivir a medio gas, reducir gastos e ingresos para disfrutar la vida). “Es vivir con mayor sabiduría”, dice Gaviria. O, como describe Eduardo Crespo, catedrático de Psicología Social de la Universidad Complutense de Madrid, optar por actividades o estilos de vida “que aunque puedan ser menos exitosos, en el sentido tradicional de lograr niveles de consumo altos, mejoremos la calidad de vida y, sobre todo, tengamos tiempo propio, porque administrarlo bien es tan importante como el dinero”.

Contra el apego y las adicciones

Algunas personas reingresan en la sociedad convencional tras un largo peregrinaje, pero la mochila que traen, si la llevan, es mucho más ligera. Juan Manzanera, de 50 años de edad, dirige una escuela de meditación en Madrid y ha publicado varios libros. Una crisis existencial le llevó a abandonar los estudios de ingeniero, hacer las maletas y convertirse en monje tibetano en la India y en el Tíbet. Tras 12 años, decidió volver.

Como monje, “noté que me faltaba algo, no resolvía algunos estados emocionales. Me había convertido en una persona distante, aislada, no tenía una serenidad auténtica”. Manzanera cree que los orientales no crean meditaciones para resolver ciertos conflictos psicológicos occidentales, “no tienen los mismos problemas”. Complementa la meditación con la formación en terapia Gestalt, “porque la meditación da una profundidad a la que no llega la psicología, pero se olvida de una parte a la que la psicología puede acceder”.

Todos los métodos de meditación son válidos. Sentado o en movimiento, se trata de dejar fluir los pensamientos sin apegarse a ninguno. Y respirar profundamente. Una sesión puede durar horas o minutos. Manzanera propone meditar en la compasión, en la naturaleza de la mente, en la esencia de las emociones, para relacionarnos de forma más amorosa y bondadosa. “Así podemos vivir una espiritualidad en la vida cotidiana”. Requiere mucha constancia y voluntad, “pero quienes meditan quieren encontrar un sentido a sus vidas, sin tener que abandonarlo todo. Es darse cuenta de que todo es pasajero, tener menos apegos y adicciones”, añade.

Si se trata de reducir el estrés, Andrés Martín Asuero, ex directivo, biólogo y experto en el tema, propone la conciencia plena, un método que investiga en la Universidad de las Islas Baleares. Lo explica en un libro de reciente publicación: Con rumbo propio (Plataforma Editorial). Un indicador de que la meditación es relevante es la iniciativa para integrarla en un probable posgrado en espiritualidad, meditación y salud, en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de la Universidad Complutense de Madrid, dice el catedrático en Psicología José María Prieto

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Los budistas neuro nales, por David Brooks

En 1996, Tom Wolfe escribió un brillante ensayo titulado “Los siento, pero su alma acaba de morir”, en el cual captaba el materialismo militante de algunos científicos modernos.

Para estos investigadores seguros de sí mismos, la idea de que el espíritu puede existir separado del cuerpo es simplemente ridícula. Los genes determinan el temperamento. Las sustancias químicas del cerebro determinan el comportamiento. Las agrupaciones de neuronas crean la conciencia. El libre albedrío es una ilusión. Los seres humanos están cableados para actuar así o asá. La religión es un accidente.

De acuerdo con este punto de vista materialistas, la gente percibe la existencia de Dios porque sus cerebros han evolucionado para inventarse sistemas de creencias. Les pones un casco magnético en la cabeza y empezarán a pensar que están teniendo una epifanía espiritual. Si padecen de una epilepsia de lóbulo temporal, darán señales de hiper religiosidad, una sobre excitación de los tejidos cerebrales lleva a los que lo sufren a creer que están conversando con Dios.

Wolfe comprendió la afirmación central contenida en este modo de pensar: todo es material y “el alma ha muerto”. Anticipó el modo en que la genética y las revoluciones de la neurociencia afectan al debate público y dan lugar a otra discusión fundamental sobre la existencia de Dios.

Mira por dónde, a lo largo de la última década un nuevo grupo de ateos seguros de sí mismos se ha enzarzado en batallas con los defensores de la fe. Los dos bandos han debatido sobre si es razonable concebir un alma que sobrevive a la muerte del cuerpo, y sobre si comprender el cerebro elimina la necesidad de explicar la entidad que lo creó, o si por el contrario solamente aumenta nuestra apreciación de esta entidad.

El debate sobre el ateísmo es un ejemplo de libro de cómo una revolución científica puede cambiar la cultura del público. Al igual que el “Origen de las especies” transformó el pensamiento social y la teoría de la relatividad de Einstein afectó al arte, del mismo modo la revolución de la neurociencia está teniendo un efecto sobre la manera de ver el mundo de la gente.

Y sin embargo, yo diría que el debate sobre el ateísmo va a ser una cuestión secundaria. La revolución cognitiva no va a acabar minando la fe en Dios sino poniendo en duda la fe en la Biblia.

A lo largo de los últimos años, el materialismo puro y duro ha perdido fuerza. El cerebro ya no se ve tanto como una máquina fría. No funciona como un ordenador. En vez de ello, el significado, la creencia y la conciencia parecen emerger de forma misteriosa a partir de redes idiosincráticas de descargas neuronales. Esas cosas resbaladizas llamadas emociones desempeñan una función importantísima en todas las formas de pensamiento. El amor es vital para el desarrollo del cerebro.

Ahora, los investigadores dedican mucho tiempo a intentar entender las intuiciones morales universales. Parece que los genes no son sólo egoístas. Por el contrario, la gente tiene profundos instintos de equidad, empatía y cariño.

Los científicos sienten más respeto por los estados espirituales elevados. Andrew Newberg de la Universidad de Pensilvania ha mostrado que las experiencias trascendentes pueden de hecho identificarse y medirse en el cerebro (la gente experimenta un descenso en la actividad del lóbulo parietal, el cual nos proporciona la orientación espacial). La mente parece tener la capacidad de trascenderse a sí misma y fundirse con una presencia más grande que se siente como algo más real.

Esta nueva ola de investigación no entrará en la esfera pública en forma de ateísmo militante, sino que dará lugar a lo que se podría denominar el budismo neuronal.

Si se echa un vistazo a la bibliografía (yo recomendaría los libros de Newberg, Daniel J. Siegel, Michael S. Gazzaniga, Jonathan Haidt, Antonio Damasio y Marc D. Hauser para ponerse al día), se intuye las ideas básicas que van a estar presente en los grandes debates.

En primer lugar, el yo no es una entidad fija sino un proceso dinámico de relaciones.
En segundo lugar, por debajo de la pátina de las diferentes religiones, la gente de todo el mundo tiene intuiciones morales comunes.

Tercero, la gente está equipada para experimentar lo sagrado, para tener momentos de experiencia elevada cuando trascienden los límites y son desbordadas por el amor.

Cuarto, la mejor forma de concebir a Dios es considerándolo como la naturaleza de lo que uno experimenta en esos momentos, el total incognoscible de todo lo que existe.

En sus discusiones con Cristopher Hitchens y Richard Dawkins, los creyentes han venido defendiendo la existencia de Dios. Ese era un debate fácil. El auténtico desafío va a venir de los que sienten la existencia de lo sagrado, pero piensan que las religiones concretas no son más que artefactos culturales edificados sobre unos rasgos humanos universales. El desafío vendrá de los científicos cuyas conclusiones coinciden un poco con el budismo.

De maneras inesperadas, la ciencia y el budismo se están dando la mano y se están reforzando mutuamente. Esto llevará necesariamente a nuevos movimientos que ponen el énfasis en la trascendencia del yo pero no dan mucho crédito a la ley divina o a la revelación. Los creyentes ortodoxos van a tener que defender unas doctrinas particulares y unas enseñanzas bíblicas particulares. Van a tener que defender la idea de un Dios personal, y explicar por qué determinadas teologías son una guía verdadera para el comportamiento de día a día. Yo no estoy cualificado para decantarme por uno u otro bando. Sólo estoy intentando anticipar hacia dónde se va a dirigir el debate. Estamos en mitad de una revolución científica. Va a tener tremendos efectos culturales

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Una nueva espiritual idad más allá de las formas religiosas, por Marià Corbí


Los rasgos de las nuevas sociedades y de la dinámica que desencadenan.

Las nuevas sociedades industriales viven y prosperan a través de la creación continua de nuevos conocimientos científicos y de nuevas tecnologías. A partir de esas innovaciones científicas y tecnológicas, se crean innovaciones en productos y servicios. Esas innovaciones, sobre todo si son de calidad, son el motor de la economía y la base del éxito económico.

Esta actitud innovadora, como base del éxito económico, pone a todos los niveles de la sociedad en movimiento.

Las continuas creaciones científicas suponen el continuo cambio en la interpretación de las realidades. Y como las ciencias llegan a todas partes, las transformaciones de las interpretaciones de la realidad se extienden a todos los ámbitos de lo real.

Las innovaciones científicas llevan a las innovaciones continuas tecnológicas; estas conducen a las continuas transformaciones de las formas de trabajar y, consiguientemente, a la mutación necesaria de las formas de organizarse. Estos cambios en las organizaciones exigen cambios en las formas de cohesionar los grupos y en las finalidades y valoraciones que se establecen.

Esta es la conclusión: las nuevas sociedades industriales necesitan moverse continuamente en todos los niveles de su vida. Son, pues, sociedades dinámicas que tienen que estructurarse sin creencias, porque las creencias fijan la interpretación de la realidad, aunque sea sólo en sus puntos nucleares; al fijar la interpretación fijan la valoración y, con ello, tienden a fijar la organización, los sistemas de cohesión y valoración colectiva.

Por necesidades de supervivencia, las nuevas sociedades deben excluir positivamente todas esas fijaciones porque bloquearían o dificultarían grandemente la posibilidad y el funcionamiento de las sociedades de innovación.

Cuando hay que excluir las creencias, se excluye, con ellas, las sacralidades. Al excluir creencias y sacralidades, se excluyen, de hecho, las religiones.

Y todo esto no ocurre ni por maldad, ni por degradación colectiva, ni generado por un consumismo decadente, sino por la dinámica cultural de las nuevas sociedades.

Esta es la lógica interna de las sociedades de innovación, también llamadas sociedades de conocimiento. Se las llama así porque viven de la creación continua de conocimientos, no porque sean más sabias que las que les precedieron.

Pero además de esta lógica interna de las nuevas sociedades, se crea una conciencia generalizada en la población de que todo nos lo construimos nosotros mismos, a nuestro propio riesgo. Nuestras formas de interpretar la realidad y nuestras formas de valorarla, nuestras maneras de trabajar y organizarnos, nuestros mundos axiológicos y nuestras formas de comportamiento, todo debemos construirlo nosotros mismos. Esta es la experiencia colectiva, consecuencia de la aceleración de los cambios en las últimas décadas. Nada nos viene construido del cielo, ni de la naturaleza de las cosas.

Esta conciencia colectiva de que nada en nuestra vida nos viene determinado y construido desde ninguna parte, sino que todo tenemos que construírnoslo nosotros mismos, se hace incompatible, de hecho, con las creencias y el sometimiento a una revelación que nos vendría de los cielos, que nos proporcionaría un proyecto de vida humana, intocable, al que habría que someterse.

Es decir, esta conciencia colectiva, fruto de las rápidas transformaciones de nuestras sociedades, en todos los ámbitos de la vida, viene a hacerse incompatible con la religión que se fundamenta en revelación, en creencias y en sumisiones.
En la medida en que la religión se presenta ligada a creencias y, por tanto, fijaciones, la religión se hace imposible para las nuevas generaciones.

Y en la medida en que la espiritualidad se presenta como ligada a la religión, la espiritualidad también se hace imposible para los hombres y mujeres de las nuevas sociedades.

De hecho, estas nuevas sociedades, en términos generales, no están cultivando ninguna forma de espiritualidad, con excepción de una minoría muy escueta de buscadores.

Desmantelamiento axiológico de las nuevas sociedades.

Esta es la situación de nuestras sociedades. Se trata de sociedades que disponen de poderosas ciencias y tecnologías, cuyo potencial crece día a día. Tienen poder para controlar, en notables proporciones, siempre crecientes, el mundo físico, el biológico y el de las comunicaciones. Ese poder puede ser benéfico o irreversiblemente destructivo, hasta dañar la vida en el planeta. Las primeras alarmas serias ya se han disparado.

Los procedimientos con los que los hombres han cultivado la calidad, a lo largo de la historia, han sido las religiones, y en el último tramo de la historia, las ideologías, con apoyo colateral de las religiones. Las religiones han entrado en una grave crisis, para la gran mayoría de los hombres y mujeres de las sociedades desarrolladas, y es de prever, razonablemente, que en la medida en la que las sociedades subdesarrolladas o en vías de desarrollo se incorporen al grupo de las sociedades desarrolladas, se incorporarán también a la crisis de la religión. Es razonable hacer esta previsión; lo contrario es querer evitar la dificultad del problema o esperar que el río fluya hacia arriba.

Las grandes ideologías también están en crisis. De la ideología socialista, la socialización de los medios de producción, con todo lo que ello suponía como proyecto de vida colectiva, ha quedado invalidada a causa del colapso del mundo soviético; como mínimo para un largo espacio de tiempo. Lo que queda de aquella ideología son unos cuantos postulados: equidad, justicia, democracia, igualdad, sin que lleguen a constituir un proyecto de vida para el nuevo tipo de sociedades.

La otra gran ideología no ha salido mejor parada, aunque pueda parecer lo contrario. Las sociedades capitalistas son pragmáticas y lo que les queda del viejo proyecto liberal de vida, son métodos, procedimientos para gestionar la sociedad y la economía, que con el derrumbe de los proyectos socialistas del mundo soviético, han quedado fortalecidos también para un largo período de tiempo. Estos métodos o procedimientos, que han quedado si no verificados, sí reforzados, son la democracia, la propiedad privada, la libertad de iniciativa y el mercado.

Pero tanto los grupos sociales que propugnan los postulados socialistas como los que propugnan los procedimientos que proceden del capitalismo, carecen de proyectos que ofrecer a las nuevas sociedades globalizadas de conocimiento e innovación continua.

En estos momentos de nuestra transformación cultural y social, carecemos de proyectos de vida colectiva, con carga axiológica suficiente para motivar a los pueblos y dotarlos de cuadros de valores que fomenten la calidad de las personas y los grupos.

Las religiones ofrecían sus proyectos de vida colectiva e individual, apoyándose en creencias. También ofrecían la posibilidad de un cultivo serio de la espiritualidad, apoyándose en creencias. Esa vía de la calidad humana y de la espiritualidad ha quedado bloqueada para los hombres y mujeres y los grupos de las nuevas sociedades.

También las ideologías se apoyaban en creencias, laicas esta vez. Las ideologías sostenían que sus propuestas, con respecto al funcionamiento que debía adoptar la economía, la propiedad colectiva de los medios de producción o la iniciativa y propiedad privada y el mercado, se debía a la naturaleza misma de las cosas; naturaleza que las ciencias y la filosofía descubrían.

También esas creencias laicas, y los proyectos axiológicos que soportaban, se han venido abajo. Nada nos viene de Dios, ni nada nos viene de la naturaleza misma de las cosas. La marcha acelerada de las sociedades de innovación y cambio nos ha enseñado, y ha impreso en la conciencia de todos los hombres de las sociedades desarrolladas, que todo nos lo tenemos que construir nosotros: nuestros saberes, nuestras tecnologías, nuestros postulados axiológicos para la vida colectiva e individual, nuestros proyectos de vida, etc.

Ahora ya sabemos y vivimos que tenemos nuestro destino, y el destino del planeta, en nuestras manos.

No volverán ni las creencias laicas ni las religiosas.

En esta situación, hemos tenido que comprender, forzados por la evolución de la cultura y de los modos de vida, que para manejar el tremendo poder de nuestras ciencias y nuestras tecnologías, tenemos que ser capaces de construir proyectos de vida de calidad, para el bien de nuestra especie y para el bien del planeta.

Pero ¿cómo construiremos proyectos de calidad, si los constructores no tienen antes esa calidad? No podemos cultivar la calidad humana desde la religión, porque tendríamos que pasar por las creencias, y no nos es posible. Tampoco podemos cultivar la calidad humana partiendo de las ideologías, porque también tendríamos que pasar por las creencias laicas, que no nos es posible sostener.

¿Desde dónde cultivar la calidad que nos es imprescindible para poder construir proyectos colectivos de calidad?

Este es, quizás, el problema más grave con el que se enfrenta la nueva situación cultural de la humanidad en los países desarrollados.

Una herencia inapreciable que puede ser fuente de calidad y de espiritualidad.

Las nuevas sociedades tendían que advertir que hay un lugar desde donde cultivar la calidad humana y la espiritualidad, sin pasar ni por las religiones, ni por las ideologías, ni por ningún tipo de creencias, sean religiosas o laicas. Ese lugar es el enorme legado de sabiduría de las tradiciones religiosas de la humanidad. En esas tradiciones, herencia de milenios, es posible encontrar la sabiduría que necesitamos y los procedimientos para cultivarla.

Esas tradiciones de sabiduría y de espiritualidad, se expresaron y vivieron, aunque no todas, a través de creencias, porque nacieron y se desarrollaron en sociedades que se articulaban sobre creencias: y lo hacían no por razones religiosas, sino porque se trataba de sociedades estáticas, que vivieron durante milenios fundamentalmente de la misma manera, y que, por ello, tenían que excluir los cambios de importancia y las posibles alternativas.

La fijación de esos proyectos sociales se hacía mediante creencias: Dios había revelado que se debía vivir así. Supuesta esa revelación, el colectivo debía creerla y someterse. No hacerlo sería ir contra la voluntad de Dios y rebelarse contra Él.
Así se vivieron las tradiciones de sabiduría. No se podía hacer de otra manera. Pero las tradiciones de sabiduría pueden ser leídas, comprendidas y vividas sin pasar por las creencias que son propias de sociedades que debían programarse para no cambiar. Esa es nuestra tarea.

Todas las tradiciones religiosas de la humanidad nos invitan a acceder y cultivar una segunda dimensión de la realidad, una dimensión absoluta, libre, gratuita, que no tiene nada que ver con nuestro acceso cotidiano a la realidad, propio de unos vivientes necesitados y que está en función de sus necesidades.

Tenemos la posibilidad de un doble acceso a la realidad: uno en función de nuestras carencias y de cara a la supervivencia como individuos y como especie, y otro absoluto, sin referencia ninguna a nuestras necesidades, porque lo real está ahí, independientemente de nosotros.

Este doble acceso a lo real es nuestra cualidad específica.

Esa segunda dimensión de lo real es lo que cultivan las tradiciones religiosas. Y lo hacen dentro del programa o proyecto colectivo de vida, propio de las sociedades estáticas y preindustriales.

Las tradiciones religiosas son las tradiciones milenarias del cultivo de esa segunda dimensión de nuestro acceso a lo real. Son las tradiciones de la sabiduría de ser hombres, viviendo nuestra cualidad específica, viviendo y cultivando nuestra doble experiencia de lo real.

Las tradiciones del pasado hablan de esa dimensión absoluta, desde los sistemas míticos y simbólicos que forman la manera de pensar, sentir, actuar, organizarse y vivir de unos colectivos en unas condiciones de vida determinadas, que siempre son preindustriales. Invitan e incitan a experimentarla y cultivarla, dicen cómo hacerlo, cómo evitar errores, cómo progresar en ella.

A través del cultivo de esa dimensión
-conducen a un amor incondicional de toda realidad, humana y no humana;
-conducen a un distanciamiento y desapego de las situaciones, de nuestros intereses y rechazos, de nosotros mismos. Ese desapego permite que podamos interesarnos por la realidad misma, sin tener en cuenta las ventajas que podamos sacar nosotros de ello.

-Conducen al silenciamiento interior. Gracias a él, callamos todas nuestras interpretaciones y valoraciones al acercarnos a las cosas y a las personas. Y las silenciamos porque esas interpretaciones y valoraciones están formadas desde la egocentración propia de unos vivientes necesitados.

El silencio interior posibilita el desapego y la distancia que nos facilita el interés y el amor por todo lo real; un interés que es por las personas y las cosas mismas, sin que nuestros ganancias o pérdidas les pongan condiciones.

El interés sin condiciones por todo, el paso atrás que supone el desapego y el silenciamiento interior, son requisitos para acceder a la experiencia absoluta de lo real y para el cultivo de la espiritualidad, y son también la base de toda calidad humana, se presente donde se presente.

Podemos heredar el legado de las tradiciones sin tener que heredar, a la vez, sus sistemas de creencias, sus sistemas míticos y simbólicos -que eran los procedimientos de programación colectiva de las sociedades preindustriales-, ni sus modos de comportamiento y organización.

Podemos hacerlo y debemos hacerlo; de lo contrario despreciaríamos un riquísimo legado de sabiduría, fuente de calidad humana y de espiritualidad.

De esa herencia podemos aprender las formas del cultivo de la calidad humana, sin tener que pasar por creencias, ni religiosas, ni laicas.

Desde esta perspectiva queda patente que es posible un cultivo de la espiritualidad, que es el cultivo de la dimensión absoluta de nuestra experiencia de la realidad, sin tener que pasar por las viejas formas propias de las religiones, ni tener que pasar por sus sistemas de creencias.

Es posible hacerlo y diría, que en las circunstancias propias de las sociedades dinámicas de innovación, es la única manera posible de hacerlo, sin tener que partir de cero, sino heredando el inmenso legado de todas las tradiciones espirituales de la humanidad. Todas esas tradiciones son nuestras, todas son nuestra herencia. Todas están a nuestra disposición, si nos tomamos la molestia de aprender a leerlas sin buscar en ellas soluciones a nuestros problemas, sin buscar en ellas cómo hemos de interpretar y valorar la realidad, qué hemos de creer, cómo hemos de vivir, actuar y organizarnos. Todas esas cuestiones ya sabemos que debemos resolverlas nosotros mismos con nuestros propios medios y apoyados en nuestra propia cualidad. En las tradiciones religiosas encontraremos sólo lo que se refiere a esa segunda dimensión de lo real.

Todas las tradiciones tienen que ser leídas y vividas desde estas nuevas condiciones culturales. Pero unas son más fáciles de releer o descodificar que otras.

Podríamos decir que las grandes tradiciones religiosas de la humanidad se podrían dividir en dos grandes bloques: las que se expresan en sistemas míticos, simbólicos y rituales, y las que, con leve apoyo simbólico, se expresan por medios conceptuales.

En el primer grupo se encuentran las tres grandes tradiciones occidentales: el judaísmo, el cristianismo y el islam. En el segundo grupo se sitúan principalmente las grandes tradiciones orientales: algunas corrientes del hinduismo, el budismo y el taoísmo. El hinduismo, como en todo, cabalga entre los dos grupos.

Las tradiciones que se expresan con un mínimo aparato simbólico y por medios conceptuales que, además, no son sistemas de programación colectiva, son más fáciles de descodificar para sociedades, como las nuestras, de conocimiento. Por esta causa se han expandido más rápidamente por todo el Occidente.

Las que se expresan y viven por medio de grandes narraciones sagradas, mitos, símbolos y rituales, que son, a la vez, sistemas de programación colectiva de las sociedades preindustriales, resultan algo más difíciles; no porque en sí lo sean, sino por el hábito que tenemos de tomar esos mitos y símbolos como descripciones de personajes y hechos.

Hay que aprender a leerlas simbólicamente, es decir, no como descripción de hechos y personajes, sino como metáforas, como símbolos que apuntan y aluden a la dimensión absoluta de la realidad. Tenemos que aprender a leerlos y vivirlos como hacemos con los poemas.

Eso no es algo difícil, si se superan los viejos hábitos, que son milenarios. Si no se logra superar esos hábitos, resulta imposible. Sin embargo, para la mayoría de las nuevas generaciones de nuestras sociedades desarrolladas, esa lectura puede resultar muy fácil, porque las nuevas generaciones, con excepción de una escueta minoría, han perdido las creencias y se han alejados de las religiones.

Hay que volver al gran legado de las tradiciones religiosas de la humanidad, al legado de todas, pero desde donde estamos, desde sociedades laicas, sin creencias ni sacralidades. Ahí tenemos una gran herencia desde la que poder cultivar la calidad de individuos y grupos y la espiritualidad, sin tener que ser hombres religiosos ni creyentes.

Marià Corbí es Director de Centro de Estudios de las Tradiciones Religiosas (CETR). Licenciado en teología y doctor en filosofía, Corbí ha sido profesor en ESADE, en la Fundación Vidal y Barraquer y en el Instituto de Teología Fundamental de Barcelona. Ha dedicado su vida al estudio de las consecuencias ideológicas y religiosas de las transformaciones generadas por las sociedades de innovación, sociedades post-industriales.

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Nuevo libro del Da lai Lama: La mente en serenidad


Hace unos años, Sogyal Rimpoche invitó al Dalai Lama al sur de Francia para transmitir la que ha de ser una de sus principales enseñanzas, en un acto que congregó a más de 10.000 personas de todo el mundo. Este libro recrea la magia de ese momento.

La mente en serenidad reúne los principios clave del budismo, especialmente los de la Gran Perfección o Dzogchen. Muestra cómo la mente puede transformarse a través del amor, la compasión y la comprensión de la realidad. Ilustrando con experiencias personales su honda visión de la senda budista, el Dalai Lama brinda consejos para ponerla en práctica en nuestra vida.


«Este es uno de los mejores y más completos libros sobre meditación que he leído. Las enseñanzas del Dzogchen están expuestas con asombrosa claridad y precisión, y con la humildad y la sencillez características de Su Santidad.»

JON KABAT-ZINN, autor de Vivir con plenitud las crisis y La práctica de la atención plena

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Deep ak Chopra: Jesús como un estado de conciencia


Antes de ganar notoriedad por promover la salud holística y la espiritualidad, Deepak Chopra adhería a la medicina occidental en su condición de endocrinólogo en Boston. Pero en determinado momento se cuestionó este enfoque y retornó al antiguo sistema indio del Ayurveda para encontrar un equilibrio entre fe y ciencia.

“Quería enriquecer mi concepto de curación”, dijo Chopra en una reciente entrevista. “Si uno no comprende la experiencia espiritual, nunca comprenderá la curación”.

Ahora, a los 61 años, el médico y autor de éxito espera seguir desafiando las convenciones _ahora de manera más controversial_ con su libro “El tercer Jesús: el Cristo que no podemos ignorar” (The Third Jesus: The Christ We Cannot Ignore, Harmony Books). Chopra cuestiona la doctrina cristiana a la vez que presenta una alternativa: Jesús como estado de conciencia en vez de la figura histórica del hijo de Dios.

La tercera perspectiva _que Chopra designa como “Cristo cósmico”_ considera a Jesús como guía espiritual cuyas enseñanzas abarcan a toda la humanidad y no solamente a la Iglesia erigida en su nombre. Chopra argumenta que Cristo habla al individuo que quiere hallar a Dios como experiencia personal.

“Me dije ‘¿Por qué no escribir un libro que tome las enseñanzas de Jesús _independientemente que uno sea cristiano o no_ para aprender de ellas y mejorar tu vida?’”, dijo a la Associated Press en el Centro Chopra en el centro de Manhattan.

Considerado un pionero en la medicina holística alternativa, Chopra es presidente de la Alianza para una Nueva Humanidad (Alliance for a New Humanity) y ha sido incluido en la lista de la revista Time de los 100 héroes e íconos del siglo XX. Sus libros han sido traducidos a docenas de idiomas, con tópicos que van desde el envejecimiento y la sexualidad hasta el camino de la iluminación de Buda, pasando por el golf. En 1995 fue cofundador del Centro Chopra para el Bienestar junto con el Dr. David Simon, que se inauguró al año siguiente.

Su fascinación con la vida de Jesús comenzó durante sus lecciones mientras asistía a una escuela católica en la India, reveló Chopra. Pese a que sus padres eran de familias hindú y sij, “si eras relativamente pudiente, la educación siempre se recibía en la escuela cristiana debido a los misioneros”.

Se trasladó a Estados Unidos en 1970 después de graduarse en el Instituto Panindio de Ciencias Médicas. Hizo su internado en Nueva Jersey y su residencia en varias instituciones incluyendo las universidades de Boston, Tufts y Harvard. También fue funcionario del Centro Médico Regional de Boston durante dos años.

Su interés en hinduismo y medicina se desarrolló mientras observaba en sus investigaciones la conexión entre cuerpo y mente, y por un encuentro casual en 1985 con el Maharishi Mahesh Yogi en una conferencia en Washington DC.

“Primero me incliné hacia la medicina Ayurveda y después me dediqué a estudiar otras tradiciones sapienciales del mundo… Esto ocurrió durante mi instrucción en neuroendocrinología donde vi lo que ocurría biológicamente en la conciencia”, explicó.

“Estaba enriqueciendo mi comprensión de la curación de física a mental a social a ambiental”, agregó. “De eso es lo que se trata la Alianza… de curar el cuerpo político, de sanar el mundo”.

Chopra dedica un tiempo sustancial a su propio desarrollo espiritual. Practica meditación y se ejercita diariamente.

Durante la entrevista Chopra habla de fe, política y una lista de proyectos, como un nuevo libro de historietas (comics) lanzado junto con su hijo y el magnate británico Richard Branson. El solicitado orador se siente a sus anchas citando los Evangelios o hablando de física cuántica. Ha estudiado minuciosamente la Biblia.

Aunque tuvo en mente su “Tercer Jesús” durante 25 años, le tomó seis meses escribirlo. Su próximo libro será una versión ficticia sobre los años de Jesús sobre los que nada se sabe.

“¿En dónde leerías una historia del Hijo de Dios ejecutado por los suyos?”, se preguntó. “Es dramático. Son tres años de sus enseñanzas que han conformado el mundo durante 2000 años”.

En una reseña, Harvey Cox, profesor de teología en Harvard, comentó que “El tercer Cristo” probablemente “va a provocar tanto admiración como condena”. Chopra hace referencia al Nuevo Testamento y a los Evangelios gnósticos para rebatir la doctrina cristiana y el cristianismo conservador en cuestiones como guerra, aborto, derechos femeninos y homofobia.

“Veo todos los días blogs negativos y muy desagradables porque ésta no es una interpretación literal”, dijo Chopra. “Mi libro es sobre Jesús como un estado de conciencia. Si aspiro a lograr este estado de conciencia y lo aspira mucha gente, éste sería un mundo mejor”.

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